Juanma Iturriaga. Conferenciante, contertulio, presentador y columnista.

Desde 1999, una de mis actividades principales es la de conferenciante. Por aquel entonces surgió Makeateam, una consultora creada por exdeportistas como Juan Corbalan, Jorge Valdano o Andoni Zubizarreta, que basaba su discurso en la experiencia personal e intelectual de unos cuantos deportistas, con la convicción que las enseñanzas que nos ofrece el atractivo mundo del deporte son válidas para cualquier ámbito profesional. Desde entonces he ido explorando e investigando estas relaciones, y en la actualidad mis áreas de actuación y discurso van desde las habilidades necesarias para una comunicación eficaz hasta los recursos para lograr ser un buen orador en público pasando por los valores que debe poseer un buen equipo de trabajo o como conseguir ser suficientemente maleables para sobrevivir en un mundo tan cambiante.

Ahora mismo las mas solicitadas son dos. En busca de la energía triunfante, sobre un proceso que tiene como final la generación de un tipo de energía personal y colectiva que por su potencia y sostenibilidad, nos permita afrontar nuestros retos diarios.

Es una reflexión sobre todo lo que nos ha ocurrido en el ultimo año y medio y las enseñanzas que podemos extraer de lo ocurrido. No se trata de dejar atrás la pandemia y los daños causados para volver a la llamada normalidad, sino que tanta desgracia que ya no tiene remedio, nos sirva de catarsis y trampolín para curar la herido y mejorar lo que teníamos antes de que el mundo se diese la vuelta.

Un equipo es un estado energético. Todo lo que nos ocurre tiene una incidencia directa en nuestra energía. Nuestros objetivos, la necesidad de reinvención ante el vértigo de una realidad que cambia a gran velocidad o el superar las adversidades que nos encontramos, demandan unas “baterías” lo más llenas posibles. Esta conferencia propone un camino que posibilitará la máxima generación de una energía llamada triunfante, para lo que oblibará a cumplir una serie de pasos.

Entorno propicio, visión ilusionante

Todo proceso tiene un punto de partida. En este caso la salida se encuentra en la capacidad de crear una visión ilusionante sobre nuestro presente y futuro. Necesitamos generar una realidad que trascienda a la rutina diaria, que eleve el discurso, que de grandeza a nuestro desempeño. Crear un atractivo relato por parte de todos resulta fundamental para comenzar la travesía.

Las tres sin, la adhesión libre

La ilusión debe ser trabajada en dos ámbitos, el individual y el colectivo. El primero tiene tres grandes enemigos, la nostalgia en el pasado, el victimismo en el presente y elmiedo al futuro. En el terreno colectivo debemos ser capaces de lograr que la adhesión a la causa colectiva sea a partir de una decisión libre de cada uno de los componentes del equipo lo que tendrá como consecuencia un incremento significativo de sus capacidades para el compromiso, autoresponsabilidad y autoexigencia.

El estilo

Necesitamos fijar un estilo propio, basado en unos determinados valores que pasan a convertirse en los pilares básico del equipo. Un estilo donde se promueva el crecimiento individual, la conciencia colectiva a través del protagonismo compartido, el reconocimiento de todos hacia todos, la generosidad o la gratitud.

Sus rasgos principales son que resulta una energía sana, positiva, alineada colectivamente, eficaz, enfocada y sostenible en el tiempo porque no tiene coste de felicidad.

En un entorno como el actual, tan incierto, caracterizado por la rapidez del cambio y la magnitud de la complejidad, las empresas y las personas deben desarrollar una capacidad especial para leer y anticipar tendencias; una actitud creativa y flexible para encarar los cambios con visión y optimismo.

En esta conferencia, intento presentar un enfoque inspirador de lo que puede suponer el cambio para las personas, entendiendo como Charles Darwin que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”.

Por eso animo a las personas a enfrentarse al cambio con la mente abierta y espíritu deportivo, el mismo con el que he tenido que ir afrontado los muchos cambios que han jalonado su trayectoria profesional y personal, y de paso desarticulo una a una las excusas que habitualmente las personas nos ponemos para no abordar los cambios necesarios para reorientar nuestras vidas o nuestros negocios. Excusas como: “¡Qué difícil!”, “No puedo permitírmelo”, “Soy muy mayor (o muy joven)”, “Ahora estoy muy ocupado”, “Va a llevar mucho tiempo”, entre otras. Justificaciones todas ellas limitantes que, en definitiva, nos bloquean e impiden nuestro crecimiento.

Reto a que detectemos esos miedos acechantes de los que se alimentan nuestras excusas favoritas. Con nuestros miedos conjurados, se muestra el camino del círculo virtuoso del cambio: un proceso de afrontamiento que nos conduce desde una responsabilidad vital al margen de victimismos, hasta la radical anticipación del cambio, más allá de la mera adaptación confortable.

El deporte resulta un laboratorio ideal donde se prueba y comprueba la necesidad que tiene cualquier equipo en dotar a su componentes, estructura y quehacer diario de una serie de valores y cualidades sin los cuales la consecución de objetivos se complica enormemente. La selección española de baloncesto, la de fútbol, la de balonmano oel equipo de Copa Davis son buenos ejemplos sobre los que nos basaremos reflexionar sobre algunas ideas que podemos poner en práctica en nuestro día a día. 

De las tres patas donde apoyamos nuestro desempeño profesional, las aptitudes (el saber), los recursos (el poder) y las actitudes (el querer), nada resulta competitivamente más diferenciador que la actitud, territorio donde los grandes equipos basaron gran parte de sus éxitos. La fuerza de la colectividad, la autorresponsabilidad ,el afán de logro, una visión sana y positiva y una idea colectiva de nuestro trabajo, nos permitirá no sólo digerir correctamente las situaciones sino aprovechar siempre las oportunidades de asentar nuestras virtudes y mitigar nuestros defectos para dar una respuesta lo más eficaz posible a todos los retos que tenemos por delante.

Una eficaz comunicación resulta condición fundamental para el buen funcionamiento de una organización. Los equipos se articulan alrededor de personas, ideas y las interrelaciones entre ellas, por lo que la capacidad que tenga un equipo en poder comunicar y comunicarse  con eficacia influirá decisivamente en su rendimiento. La comunicación dimensiona los equipos, es una habilidad directiva imprescindible y otorga el conocimiento necesario para gestionar correctamente liderazgos, motivaciones y encarar problemas o entrenar talentos. 

Existe un error muy extendido que asocia las capacidades comunicativas exclusivamente a un talento natural. Error. El talento nunca está de más pero hay que desterrar el prejuicio de que sólo estos pueden convertirse en comunicadores eficaces. Que nadie nos diga que no podemos. En mucha mayor medida de lo que se piensa, es una cuestión de aprendizaje.

Manteniendo siempre la autenticidad como cualidad básica, siendo coherentes entre los dichos y los hechos. sabiendo que el comportamiento es nuestra gran antena comunicativa y asumiendo que en el fondo, la comunicación es una negociación de emociones y que a través de ella intercambiamos confianzas, seguridades, inquietudes, desconciertos, etc, nuestra habilidad comunicativa mejorará. Nuestro éxito siempre dependerá de nuestra capacidad para hacernos entender, por lo que una buena estructura en el discurso, unas formas adecuadas y un buen sentido de la oportunidad nos ayudarán a conseguirlo.

La importancia de una buena comunicación resulta capital. De ella depende, entre otras consecuencias, la no creación de universos paralelos en nuestros equipos, lo que posibilita su fraccionamiento y dificulta el llegar a un entendimiento colectivo sobre el que asentar nuestro quehacer diario.

Una reciente estadística refleja que casi a un 40% de los directivos una de las cosas que más les estresa es hablar en público. Los motivos principales suelen ser los nervios, la responsabilidad, el auditorio o la angustia no de estar a la altura de las circunstancias.  Seguramente estas sensaciones no se irán del todo nunca, por lo que estamos avocados a aprender a vivir con ellas y extraer lo positivo que conllevan, como una mayor concentración, atención o preparación. No hay que tener miedo al miedo. Simplemente tomarlo como algo natural.  

El trabajo es la mejor receta para lograr controlar nuestros temores y convertirlos en algo llevadero. Hay que entrenar, conocerse al máximo para descubrir nuestros puntos fuertes y los terrenos donde no nos movemos con confianza, tener un espíritu crítico pero positivo y dotar a nuestro discurso de cualidades tanto filosóficas como formales.  En el esfuerzo más que en el talento radica la clave del éxito. “A mí la inspiración me coge siempre trabajando” que decía Picasso. 

Eso sí, nada se consigue de la noche a la mañana. Hay que tener paciencia, ir ganando confianza, superándose poco a poco. Creciendo, aprendiendo, sin buscar atajos, asentando convicciones y alejando distorsiones. Sabiendo donde se pisa en cada momento. La confianza, fundamental para esta habilidad, cuesta mucho en adquirirla y muy poco en perderla, por lo que deberemos ser muy cuidadosos. Los retos, de uno en uno y por su camino correcto.

No hay que olvidar nunca que cuando uno tiene que hablar en público, es porque alguien está interesado en escuchar, lo que nunca puede ser visto como un“castigo” ni una “obligación” sino UNA OPORTUNIDAD. El objetivo a perseguir es que conferenciante y auditorio caminen de la mano y para ello cualquier comunicador necesita un formato, una estructura narrativa sobre la que apoyarse.  Eso sí, sin olvidar nunca la emoción y la pasión que nos hará llegar a terrenos como la credibilidad, la confianza, el influjo y la capacidad de persuasión.

A los 14 años, me encontré por primera vez con Juan Antonio San Epifanio, por aquella época conocido como Epi II y que terminaría siendo SuperEpi. A partir de ahí y durante 16 años nos enfrentamos durante decenas de veces, conformando una gran rivalidad individual dentro del histórico enfrentamiento deportivo que mantienen desde siempre Real Madrid y Barcelona. Siempre fuimos dos personas muy diferentes pertenecientes a dos clubes con estilos y filosofías constantemente enfrentadas. Pero todos los veranos, ambos éramos seleccionados para jugar en la selección, lo que nos obligaba a una rápida y forzosa adaptación a nuevos compañeros, entrenadores, roles y jerarquías.   

En esta conferencia a dos voces, Epi y yo compartimos nuestras experiencias en este proceso, las dificultades que surgieron y las claves para lograr llevarlo a cabo.  La subordinación de lo individual a lo colectivo, la creación de un estilo propio o la potenciación del sentido de pertenencia son alguna de las claves para lograr convertir a rivales de eficientes compañeros.

Al final se trata de reproducir, contando y aprovechando al máximo la diversidad, los valores que distinguen a los grandes equipos.

Con Mikel López Iturriaga.

Con la artista Ruth Peche.

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