Una eficaz comunicación resulta condición fundamental para el buen funcionamiento de una organización. Los equipos se articulan alrededor de personas, ideas y las interrelaciones entre ellas, por lo que la capacidad que tenga un equipo en poder comunicar y comunicarse  con eficacia influirá decisivamente en su rendimiento. La comunicación dimensiona los equipos, es una habilidad directiva imprescindible y otorga el conocimiento necesario para gestionar correctamente liderazgos, motivaciones y encarar problemas o entrenar talentos. 

Existe un error muy extendido que asocia las capacidades comunicativas exclusivamente a un talento natural. Error. El talento nunca está de más pero hay que desterrar el prejuicio de que sólo estos pueden convertirse en comunicadores eficaces. Que nadie nos diga que no podemos. En mucha mayor medida de lo que se piensa, es una cuestión de aprendizaje.

Manteniendo siempre la autenticidad como cualidad básica, siendo coherentes entre los dichos y los hechos. sabiendo que el comportamiento es nuestra gran antena comunicativa y asumiendo que en el fondo, la comunicación es una negociación de emociones y que a través de ella intercambiamos confianzas, seguridades, inquietudes, desconciertos, etc, nuestra habilidad comunicativa mejorará. Nuestro éxito siempre dependerá de nuestra capacidad para hacernos entender, por lo que una buena estructura en el discurso, unas formas adecuadas y un buen sentido de la oportunidad nos ayudarán a conseguirlo.

La importancia de una buena comunicación resulta capital. De ella depende, entre otras consecuencias, la no creación de universos paralelos en nuestros equipos, lo que posibilita su fraccionamiento y dificulta el llegar a un entendimiento colectivo sobre el que asentar nuestro quehacer diario.